Toda su familia lo abandonaron en un asilo y dejo de vivir, pero antes dejó algo debajo de su almohada que los hizo llorar.


Ese fue el caso de Mak Filiser, un señor mayor a quien sus hijos prefirieron que un asilo se encargara de él. Todos los días, este señor recibía la atención y el cuidado de las enfermeras que trabajaban con esmero. Sin embargo, él lo único que pedía era recibir el cariño de sus hijos que con tanto amor había criado. Especialmente cuando llegan a cierta edad, prefieren abandonarlo en un asilo en lu

Cierto día, las enfermeras encontraron una hoja doblada entre sus cosas y la tomaron. Al leerla, se les rompió el corazón y la compartieron con el resto del personal. Ellos le pusieron por nombre a aquella poesía “Escorbútico Viejo” y dice así. Poesía del viejo del asilo Cuando me miras ¿Qué ves? ¿ves a un hombre enfermo sin ganas de vivir? ¿Qué piensas cuando me ves? ¿Ves a un anciano, un poco

Soy un bebé recién nacido a quien su madre le da de comer. Soy un niño de 10 años con padre, madre, hermanos y hermanas que se quieren mucho. Soy un adolescente de 16 años con mucha energía quien sueña con encontrar en los próximos años la mujer de su vida. Se descubrió que este cereal que tanto consumimos contiene un veneno potente.

Pero días tristes vuelven a tocarme, Mi amada esposa fallece. Miraba al futuro con miedo y escalofríos. Mis hijos hicieron su vida, los nietos también lo han hecho, entonces pienso en los años que ha pasado, en aquel momento que conocí el amor. Hoy soy un viejo sin fuerzas,

la naturaleza es muy cruel y no perdona. Todos te miran con desprecio como si fueran un inepto inservible.

Vea también: Tengo 74 y no podía pararme, un viejo amigo me preparo esto y camine en 2 días, mis huesos y articulaciones están 20 años más jóvenes Las fuerzas se van, la gracia desaparece, te vuelves un puro cascaron, aunque el joven introvertido todavía viva dentro.

Me acuerdo de las alegrías… del dolor, Amo… vivo la vida de nuevo, Pienso en los años, en lo rápida que se van, entonces acepto la dura realidad, Nada es para siempre. Por eso enfermeros, les pido que abran los ojos. No vean al anciano colérico, acérquense más, un poco más,

¡Véanme a mí, al verdadero yo! Sin duda, esta carta debería hacernos reflexionar mucho en la atenci ón que le damos a nuestros padres. Especialmente cuando están viejos es cuando más nos necesitan. Por eso, no los abandonemos, y démosle la atención que ellos se merece. Nos criaron con mucho esfuerzo y empeño, ahora nos toca devolverles el favor. Comparte esta historia en tus redes sociales y ayúdanos a hacer conciencia sobre este grave problema.

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